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AUTOBIOGRAFÍA AYURVÉDICA, por Eva Veré

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Ayurveda, significa “conocimiento de la vida”. Vida que comienza a gestarse en el vientre, dando fruto a un ser que al igual que una flor, necesitará espacio, aire, agua, fuego y tierra para crecer y llevar una vida plena.

Aunque mis estudios de Ayurveda comienzan un tiempo antes, mi verdadera pasión por esta ciencia comienza con el nacimiento de mi primer hijo, Adán, porque de la mano de él observo el concepto de vida desde el origen, y entiendo que somos un cuerpo, ligado a unas emociones y a una energía que lo conforma todo.

Comienzo a observar desde la inocencia y la pureza la realidad de las doshas que ocupan su cuerpo y mueven sus emociones, y por fin los consigo entender.

Entiendo el aire, siempre en continuo movimiento, acompañando su risa, sus primeros pasos, el movimiento de su mano al dibujar…pero también sus miedos, su nerviosismo, su inquietud.

Entiendo el fuego que enciende su espíritu, para ayudarle a digerir las nuevas situaciones, sentimientos, frustraciones. El fuego que enciende su corazón para latir de amor y latir de furia cuando se enfada. El fuego que le ayuda a comprender y entender nuevos conceptos, letras, ideas.

Entiendo el agua fluyendo como un río dentro de su ser, hidratando y llenando de vida. Calmando la tempestad para colmarnos de paz.

Y entiendo la tierra, llenando sus huesos en contínuo crecimiento. Haciéndole sentir seguro, tranquilo y feliz.

Pongo en práctica el Shantala, que había aprendido mientras crecía en mi vientre. Y por fín consigo que se pare el tiempo, para que solo el movimiento de mis manos en contacto con su piel marquen el fluir de las horas. Y en silencio mirándonos a los ojos, llego a sentir la felicidad más pura jamás vivida.

En su fase de imitación comienza a aprender diferentes posturas de Yoga y a sentarse a mi lado mientras medito, cerrando sus manitas en chin mudra, para latir con un sólo corazón.

Y empiezo a llenar la cocina de verduras y frutas frescas, de cereles, legumbres, especias….a cocinar con cabeza y corazón para nutrir su ser,  y para combatir ese moco que invade su pecho cada vez que nos separamos.

Desde este sentimiento de amor que ocupa la maternidad, entiendo el Ayurveda, y desde aquí la siento y la transmito. Y este sentimiento hace que las personas que llegan a Shakti tengan grandes corazones que hacen de cada curso un aprendizaje profundo y especial.

Gracias a todos vosotros por sentir.

Gracias a mis hijos por darme la vida cada día.

Eva Veré

 

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