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La esencia del Yoga

Hay momentos especiales durante el día, y uno de ellos es ese instante en el que extiendes tu esterilla sobre el suelo y te olvidas del mundanal ruido, para sentarte sutilmente y comenzar a respirar. En esos preciados segundos se detiene el tiempo y solo conectas con el rítmico movimiento de tu caja torácica, que se expande para dejar paso al chorro de aire fresco que inunda tus pulmones, y retorna para vaciar y reconectar con el silencio y la quietud.

Poco a poco sientes la necesidad de ir despertando tus articulaciones, con suaves movimientos que comienzan a calentar el cuerpo y el espíritu. Como si se tratara de una danza ritual los giros, las flexiones, las extensiones llenan de savia el organismo que una vez nutrido, despierta.

Y continúa la danza, la gran paradoja que supone la danza de la quietud. Porque tu cuerpo baila para llegar a una total, perfecta y armoniosa quietud.

Conectando en cada ásana, en cada postura con la sensación de seguridad que invade cada poro de tu piel, la respiración suave, rítmica y plena, la actitud dispuesta a dejarse llevar por las emociones que reconectan a la verdad y conseguir en cada segundo de quietud elevar el alma para acariciar un profundo sentimiento de unión.

Es este mi sentir en cada práctica diaria y es este sentir lo que intento evocar en cada uno de mis preciados alumnos, que llenan con sus sonrisas y su preciosa energía cada centímetro de mi ser. Y por fin entender el verdadero concepto del Yoga, el verdadero concepto de la palabra unión, porque hay momentos en los que dejas de sentir tu individualidad para envolverte en una única y maravillosa energía.

Gracias de alma y corazón a todas las personas que me habéis acompañada y me seguís acompañando en este infinito camino.

NAMASTE

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