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RETRATO DE VATA, PITTA Y KAPHA

Existen muchas descripciones sobre Vata, Pitta y Kapha y muchos autores que versan sobre ellos. Yo en este artículo he elegido el retrato que hace Pratima Raichur de las tres constituciones, para que podáis entenderlas mejor:

RETRATO DE VATA

Piensa en el viento, a donde quiera que va, lleva consigo una brisa fría y refrescante que seca la humedad y el rocío. Algunas veces viene en soplos que apenas acarician las copas de los árboles. Otras veces su corriente es tan fuerte que nos empuja por el camino. Puede fabricar música celestial en las campanillas de cristal, o levantar furiosos huracanes.

No cabe duda de una cosa: jamás está quieto y nunca permanece igual por mucho tiempo. Su naturaleza es ágil, sutil, cambiante y tan parecida a lo etéreo como puede llegar a ser la materia.

Cuando logres comprender el viento, podrás apreciar la belleza de Vata.

RETRATO DE PITTA

Piensa en un fuego ardiente. Su calor es penetrante y estimulante, siempre deshidrata y a veces carboniza. Sus llamas son agudas y difíciles de dominar. Cuando arde de ira lanza chispas y pocas cosas pueden detener su camino.

Su naturaleza es decidida, temeraria e invencible. Al igual que el sol genera una energía intensa y cuanto más arde, más rojo se torna hasta que se apagan los últimos rescoldos. Entretanto su danza untuosa crea dibujos hermosos de luz y su resplandor es verdaderamente encantador.

Una vez que se ha mirado a los ojos la belleza vivaz de pitta, es imposible olvidarla.

RETRATO DE KAPHA

Piensa en la tierra y en todas sus formas diversas. Es el planeta gigantesco en el que vivimos; el suelo oscuro, frío y dulce del que brotan las semillas; la arcilla blanda, húmeda y viscosa, esculpida por la mano del artista; la falda espesa y firme de una montaña; el valle serpenteante del río, y el fondo del profundo océano.

Cambia lentamente, si es que lo hace; pero una vez que emprende una tarea, la tierra avanza lentamente hacia su meta, sin importar el tiempo que pueda tardar. Ha alimentado pacientemente muchas bellotas hasta convertirlas en robles enormes. Pero no hay que dejarse engañar por esa languidez. Si intentamos arrancar las raíces, cambiar el curso de un río o excavar las montañas, tendremos que luchar a brazo partido. La tierra no se desprende fácilmente de las cosas que ama. Cuando hayamos sentido el abrazo sensual de la tierra, comprenderemos la belleza de kapha.

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